El contrabajo es el segundo instrumento más grande, y por tanto el segundo más grave, de la familia de los instrumentos de cuerda frotada (violín, viola, violoncello y octabajo). Debido a su tamaño ha de ser tocado de pie o sentado en un taburete alto.

Generalmente cuenta con 4 cuerdas, aunque existen contrabajos de 3 o 5 cuerdas. Estas cuerdas se afinan por cuartas ascendentes (sol-re-la-mi).

El sonido del contrabajo se produce por la vibración de las cuerdas cuando éstas son frotadas mediante un arco o pulsadas con los dedos (pizzicato). Es la caja de resonancia la que da cuerpo y forma a las vibraciones producidas por las cuerdas.

El origen del contrabajo se remonta al S. XVI, donde existía el violone, del cual deriva. Fue en el s. XIX cuando adoptó la forma y características actuales. Fue también en el s. XIX cuando se incorporó a la orquesta, en la cual comenzó teniendo un papel secundario. Su gran tamaño no posibilitaba un virtuosismo al nivel del violín o el cello por ejemplo. Poco a poco algunos compositores fueron depositando su confianza en este instrumento y con el paso del tiempo fue adoptando un papel más importante como instrumento solista. Aunque el auge del contrabajo no llegaría hasta el S. XX, gracias al jazz.